La DEA norteamericana conectó los puntos de un gran mapa internacional de narcotráfico cuando los teléfonos satelitales contactaron a ambos lados del Atlántico. Un tripulante sirio del buque Mayak, con bandera de Sierra Leona, informaba de la derrota del mercante en aguas de Alborán, mientras un enlace en Estados Unidos coordinaba con los traficantes en Marruecos los pasos para el transbordo de la mercancía. Corría el mes de marzo del año 2014.
En el barco viajaban ocho ciudadanos sirios. Sin vínculos. Sin armador. Frente a las costas de Alhucemas, a 50 millas náuticas de la Isla de Alborán (Almería), los marineros cargaron un alijo de 15.300 kilos de resina de hachís valorado en unos 25 millones de euros. Un golpe de altura. Fue entonces cuando una espectacular operación de abordaje desarrollada por miembros de Vigilancia Aduanera (Agencia Tributaria de España) acabó con la tripulación entre rejas y la droga en un depósito judicial en España.
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