Tal vez la muerte de Fidel Castro, permitirá que muchos testigos y/o cómplices sigan entregando información sobre uno de los pasajes más oscuros de la gloriosa revolución cubana.
Juan Reinaldo Sánchez fue durante 17 años guardaespaldas de Fidel Castro. En su libro “La vida oculta de Fidel Castro”, señaló que el líder revolucionario era quien lideraba el narcotráfico en Cuba, agregando, en una posterior entrevista al periódico La Razón que: “Fue la gran decepción, porque me di cuenta de que el «dios» al que protegía no era sino un narcotraficante. A partir de ese momento cambió mi percepción de él. Lo descubrí al escuchar una reunión que mantenía con José Abrantes Fernández, en aquel momento ministro de Interior. Ambos estaban autorizando a un lanchero cubano que vivía en Miami a que se acomodara en una playa de Cuba y por la que pagaría al Ministerio 75.000 dólares.”
También John Jairo Velásquez (alias Popeye) y quien fuera el jefe de los sicarios de Pablo Escobar, señaló en el libro titulado “El verdadero Pablo”, escrito por la periodista Astrid Legarde, que Fidel Castro y Pablo Escobar mantenían una estrecha relación y que Fidel les permitía utilizar Cuba para la triangulación del tráfico de drogas, operación que habría durado hasta que un cargamento fue decomisado por la DEA y la confesión de varios cubanos involucrados.
Lo mismo aseguró en su libro “El gran engaño: Fidel Castro y su íntima relación con el narcotráfico internacional” el periodista José Antonio Friedl, para quien al gobierno cubano le cabe perfectamente el apelativo de “Cartel de la Habana”, agregando que desde 1958 que existen antecedentes en el FBI de que el gobierno de Fidel Castro lucraba con el tráfico de drogas para financiar la gloriosa revolución.
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