El Ministerio del Interior almacena miles de kilos de droga en la Jefatura Superior de Policía de Sevilla, sede que en 2008 sufrió un robo de 154 kilos de heroína y cocaína incautada a los narcos. La paradoja es que tras esa sustracción en el corazón de la policía en Andalucía, Interior construyó un búnker que ya lleva tres años abierto pero apenas contiene alijos. El área de Sanidad de la Subdelegación del Gobierno, responsable de almacenar la droga en el búnker, se niega a conservar los fardos con la excusa de que no hay contratado suficiente personal de seguridad.
Cinco robos en depósitos oficiales de alijos desde 2008
La desaparición de droga de los depósitos del Gobierno es una realidad que han sufrido cuatro capitales andaluzas, de donde los cacos se han llevado 1.700 kilos de cocaína, heroína y hachís desde 2008.
Ese año comenzó la mala racha de las autoridades con el robo de 154 kilos de cocaína y heroína de la Jefatura Superior de Policía de Sevilla. Durante meses, el policía de la Unidad contra la Delincuencia y el Crimen Organizado (Udyco) Lars Sepúlveda llenó su mochila con tabletas de cocaína y heroína y las sustituyó con polvo de talco y azúcar.
El terremoto moral en el cuerpo también afectó a las autoridades, que se plantearon la necesidad de construir el almacén para albergar los fardos y eximir a la policía de su custodia, una función que no le corresponde por ley. Hoy, ocho años después, la droga sigue en los sótanos de la Jefatura Superior de Sevilla. Sepúlveda fue detenido y condenado junto a un cómplice, pero la droga nunca fue recuperada y volvió al mercado negro.
Tres años después, en 2011, una banda robó 120 kilos de cocaína, 80 de hachís, un kilo de heroína y un lote de pastillas psicotrópicas de un depósito del Puerto de Málaga. Los delincuentes reventaron con lanzas térmicas las cajas fuertes donde se hallaba la droga.
En 2012 otra red se llevó 290 kilos de cocaína del parque móvil de la Subdelegación de Cádiz. Hasta que tiempo después las autoridades habilitaron la antigua sede del Banco de España con su cámara acorazada, los fardos se acumulaban en una sala de un garaje con ventanas a varios patios exteriores. Un palo de fregona bloqueaba una de las ventanas.
Meses más tarde otra organización criminal robó 30 kilos de cocaína de la sede del Instituto de Toxicología de Sevilla
Y en la Nochevieja de ese año una banda irrumpió en las dependencias de Aduanas en Huelva para hurtar una tonelada de hachís mientras sonaban las campanadas. La policía detuvo a la banda de narcos tras la confesión del vigilante de seguridad. Sin embargo, el hombre se retractó de su testimonio durante el juicio y la veintena de acusados quedaron absueltos. Las presiones habían funcionado y el vigilante fue el único condenado.
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