‘Kay’ rasga la maleta desesperado. Cree que su juguete -una ligera pelota lila del tamaño de una de tenis- está dentro de la vetusta valija acostada junto con otras similares en el caliente cemento. Su balón no está ahí, sino dos pedazos de madera y mármol contaminados con droga. Él está entrenado para asociar el olor de su pelota con el de los estupefacientes y detectar las estratagemas de los narcotraficantes.
Así, como si estuviera jugando, ‘Kay’ frustró el envío de 7,2 toneladas de cocaína a Honduras. La mercadería ilegal estaba oculta en sacos repletos de harina de camarón, acomodados en un contenedor que iba a ser exportado a Holanda desde el puerto marítimo de Guayaquil. Este fue el segundo decomiso más abundante de 2016, en Ecuador. El primero fue de 11,85 toneladas de cocaína camufladas en sacos de sal, incautadas el fin de semana. El can ‘Stano’, de 2 años de edad, detectó el alcaloide, que tenía como destino Bélgica.
El pastor holandés es uno de los 190 perros policías de Antinarcóticos del Centro Regional de Adiestramiento Canino (CRAC) y está asignado a realizar controles dentro de la terminal marítima, ubicada en el extremo sur de la urbe. También ha participado en operativos en aeropuertos y correos.
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