
Le decĂan « El Bronx de BogotĂĄ » y prĂĄcticamente era imposible hacer dos o tres pasos sin chocarse con alguien.
Era un mundo de gente: como en la estaciĂłn de Once a hora pico, como a la salida de un Boca-River o como cuando un local anuncia un gran descuento en la noche de los shoppings. Gente desesperada por comprar droga, que hasta peleaban por los lugares de las filas.
Eran tan largas que los vendedores no aceptaban monedas. Contarlas implicaba mucho tiempo. Y habĂa cientos de clientes por despachar.
Se estima que por dĂa unas 3.500 personas visitaban el lugar.
Los fines de semana, la poblaciĂłn crecĂa a 5.000.
Muchos directamente se quedaban a vivir. Solo salĂan a generar el dinero necesario para volver a comprar. La PolicĂa no entraba.
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