Los puertos del Cono Sur han adquirido un rol cada vez mĂĄs importante en el trĂĄfico de cocaĂna hacia los mercados de consumo, tanto del Norte Global como de otros mercados emergentes. Sin embargo, existe una escasa producciĂłn acadĂ©mica que problematice sobre esta temĂĄtica, y que contribuya a comprender cĂłmo y por quĂ© las organizaciones criminales han diversificado sus ‘modus operandi’ en relaciĂłn con el uso de rutas y puertos que tradicionalmente no habĂan sido vinculados directamente con el trĂĄfico de cocaĂna, especialmente por las autoridades y las Fuerzas de Seguridad.
Un aspecto relevante a considerar es que, en los Ășltimos años, el trĂĄfico de cocaĂna en SudamĂ©rica ha ido cambiando. MĂĄs allĂĄ de la fragmentaciĂłn de las organizaciones criminales, la incansablemente creciente producciĂłn de cocaĂna en la regiĂłn ha forzado a las organizaciones criminales a buscar nuevas estrategias. Paralelamente, el aumento del control portuario y de las rutas tradicionales, especialmente en Colombia, PerĂș y Brasil, han provocado un desplazamiento de las rutas del narcotrĂĄfico hacia puertos no tradicionales ubicados en paĂses de trĂĄnsito del Cono Sur. Los casos de los puertos de Buenos Aires, Montevideo y San Antonio ilustran este punto y demuestran que las organizaciones criminales cuentan con un variado elenco de mĂ©todos y rutas para reexportar cocaĂna hacia los mercados europeos.
La investigaciĂłn realizada y publicada en la revista Trends in Organized Crime analiza estos casos y plantea que la elecciĂłn de estos puertos y rutas no es azarosa. Por el contrario, responde a un cĂĄlculo racional y a las oportunidades que ven en ellos las organizaciones criminales. En este sentido, el uso de rutas contraintuitivas y puertos no tradicionales les permite reducir los riesgos y maximizar su rentabilidad. La estrategia consiste bĂĄsicamente en utilizar puertos y rutas no tĂpicamente asociados con el narcotrĂĄfico para lavar y disfrazar el origen de las drogas como re-exportaciĂłn, valiĂ©ndose asĂ de la imagen del paĂs de salida.
Nuestra investigaciĂłn demuestra que las rutas y puertos utilizados por las organizaciones criminales son una elecciĂłn racional. Una mayor movilidad criminal refleja mayor selectividad y un alto nivel de planificaciĂłn, ademĂĄs de permitir mayores retornos econĂłmicos. En este sentido,los puertos de Buenos Aires, Montevideo y San Antonio, pese a estar ubicados a gran distancia de los paĂses productores de hoja de coca, proporcionan un entorno seguro. Esto se debe a que estos puertos estĂĄn situados en paĂses de trĂĄnsito que no han sido identificados, principalmente por la comunidad internacional, como espacios directamente involucrados en el narcotrĂĄfico, como sĂ es el caso de Brasil.
Asimismo, son paĂses donde los gobiernos no reconocen el narcotrĂĄfico transnacional como un problema real, mĂĄs allĂĄ de lo discursivo. Es decir, aunque existe una narrativa que busca combatir los problemas asociados al narcotrĂĄfico, muchas veces esa problemĂĄtica se relaciona estrictamente al ‘narcomenudeo’Â (es decir, la venta minorista de drogas, que suele estar anclada territorialmente) y deja de lado los grandes operativos vinculados al trĂĄfico internacional y mayorista de cocaĂna.
La alta movilidad que requiere el uso de estos puertos implica tambiĂ©n una gran diversificaciĂłn de rutas. A ellas nos referimos como rutas contrarias a la intuiciĂłn desde la perspectiva del Gobierno, ya que escapan a la lĂłgica tradicional y no responden exclusivamente a la dinĂĄmica de menor costo-mayor beneficio. MĂĄs bien, las organizaciones criminales se benefician de los inconvenientes de rutas poco accesibles, ya sea por factores naturales, polĂticos o econĂłmicos, que si bien pueden implicar un mayor coste econĂłmico, brindan mayor seguridad, evitando controles policiales y aduaneros, tanto en los puertos de salida como en los de llegada.
Un incentivo adicional para utilizar puertos no tradicionales y rutas contraintuitivas es que estos paĂses tienen una reputaciĂłn consolidada en el comercio internacional. Esta reputaciĂłn limpia permite la re-exportaciĂłn de cocaĂna, que es una forma de blanquear el cargamento, disfrazando el origen real de las drogas. Argentina, Chile y Uruguay son paĂses que tienen bandera verde y, por tanto, no encienden las alarmas, lo que reduce la posibilidad de controles en los puertos de destino.
La investigación demuestra también que en los tres puertos mencionados existen importantes debilidades en cuanto al control de carga y embarque. Esta situación se agrava en tanto existen jurisdicciones superpuestas donde no parece existir una fluida cooperación y/o coordinación inter-agencial, especialmente entre Aduanas y las Fuerzas de Seguridad. Ademås, el hecho de que los tres puertos se concentren en la exportación de productos primarios facilita la contaminación para los actores, ya sean organizaciones criminales o intermediarios que trabajan de forma independiente.
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